Reproducimos el discurso del Jefe de Prensa de la Asociación "Amigos de Dionisio", Rubén Norniella, en el homenaje a los Tritones:
Dionisio de la Huerta era –no está muy claro- un asturiano catalán o un catalán asturiano, tanto monta monta tanto, aunque dicen, quienes le conocían, que pensaba en catalán.
Dionisio pasaba del “seny” barcelonés a la natural alegría piloñesa de Coya, pasando antes –como en una especie de descompresión- por el más cosmopolita Gijón- otro de sus grandes amores-, tan parecido a Barcelona en tantas cosas. Se que alguno se está riendo por lo bajo, pensando que barro para casa, sabedores de mi condición de sportinguista y “culé”. Hombre, es verdad, pero también Dionisio era “cule” –hay pruebas de ello- y supongo que también sportinguista, aunque no era el fútbol, precisamente, el deporte que más le apasionaba al hombre más apasionado por el deporte.
Cuando Dionisio creo el cuerpo de dignidades de Les Piragües, concibió a “Los Tritones” como su ejercito.
Dionisio, un apasionado del teatro, exponía en su obra su forma de ver y entender Asturias, que era la forma de entender Gijón y, sobre todo, Piloña. Los artistas plasman en su obra su forma de entender el mundo y también la forma en que ven lo que les rodea. Sólo que Dionisio concebía el teatro con la naturaleza como escenario y decorado. Y con los piloñeses como actores, sin saberlo ellos, pero eso era lo perfecto: así se interpretarían a sí mismos, que es lo que en realidad pretendía Dionisio. De esa forma de concebir el teatro surgió la fiesta en la que se escenificaba el paso de Don Pelayo por Pialla –alguien debería recuperar tal festejo y tal escenificación. El éxito está asegurado: no hay q más que ver lo que ocurre con el desembarco de Carlos V en Tazones- y, sobre todo, la Fiesta de Les Piragües, una alegoría con excusa deportiva para mostrar como veía el a los asturianos, a través de los piloñeses. No podía confundirse: los actores se interpretaban a sí mismos, sin saberlo. Ya lo he dicho antes. Esa forma con la que Dionisio nos veía –os veía, es el legado que él dejó a Asturias, una obra genial, porque los asturianos supimos reconocernos en aquel retrato, en aquella inmensa obra de teatro, y darle nuestro respaldo y cariño.
Sin embargo, parece que aquella forma de verlo y de vernos no interesa demasiado a quienes más obligación tiene de conservarla, que somos nosotros mismos. Por eso el “dionisísmo” fue en declive y el desfile de Les Piragües, la parte folklórica y filosófica de la Fiesta se quedó casi en un recuerdo.
Pero es ahí, precisamente, donde “Los Tritones”, el ejercito de Dionisio, entra en escena. Ellos son los únicos que aún realizan el desfile cada año. Su llegada a Arriondas abre “Les Piragües”, porque hasta que ellos no están allí, aquello puede que sea una Fiesta, pero, desde luego, no son “Les Piragües”. Ellos son quienes han mantenido, de forma natural, quizá sin proponérselo –una vez más, actores interpretándose a sí mismos en la gran obra de teatro, perpetuamente inacabada, en perpetuo cambio, de Dionisio-, la filosofía, el espíritu de Dionisio.
Para ser “Tritón” hay que tener un “gen” especial y hay que ser de Piloña. Soy parragués y parragués orgulloso de serlo, pero si no fuera parraués me hubiera gustado ser de Piloña, por el simple gusto de ser “Tritón” y de tener esa maravillosa alegría de vivir, que Dionisio tan bien retrató en su genial obra de teatro.
Pero, a falta de eso, tengo el orgullo de tener en “Los Tritones” a una nutrida representación de mi familia –luego, algún gen de “Tritón” me tocará a mi también- y a algunos amigos y amigas maravillosos, de esos a los que siempre te gusta tener cerca... Por eso, este homenaje, tan merecido. Los que luchamos por evitar que el legado de Dionisio se dilapide, siempre estaremos en deuda con “Los Tritones”.